Sobre #masculinidades: un breviario de a pie.

Desde hace algunos años ha ido permeando en mí una forma de ver a las personas, la cual me ha abierto la mente hacia una convivencia más sana y productiva. Me refiero al feminismo, una postura social (y política, económica, etc.) en la que todas las personas somos iguales. De esta postura se genera una serie de enfrentamientos de todo tipo entre quienes defienden la defienden y quienes creen que no es necesaria. Yo sí creo que es completamente necesaria. Pero esa discusión no es el centro de este texto en particular, si bien, considero pertinente su mención para la narración de la anécdota.

Como parte del proceso de llevar (o tratar de llevar) el feminismo como una forma de vida, me topé no hace mucho con las cuestiones relacionadas a las nuevas masculinidades. Y, seguramente porque soy hombre (me considero tal y la gente me lo atribuye también), me identifiqué de manera especial con el tema. No es que sea algo contrario o diferente en el fondo al feminismo (o a los feminismos), pero creo que éste último es una lucha que deben encabezar las mujeres, por lo que nuestro rol como hombres tiene que ver con callar, escuchar y aprender. Y en el caso de que sea necesaria nuestra intervención, dejar muy en claro que se trata del reconocimiento de los derechos de las mujeres, los hombres ya hemos tenido demasiado de eso.

Entonces, por un lado, la masculinidad representa privilegios que aunque uno no los quiera, nos son otorgados por la sociedad. Y no sólo a hombres heterosexuales, también a hombres homosexuales, bisexuales, con cualquier orientación sexual. Por poner un ejemplo de esos privilegios, está el caminar por la calle sin acoso verbal de ningún tipo. Con ello no quiero decir que ningún hombre pueda ser víctima de acoso verbal en la calle; he sabido de hombres homosexuales que son señalados por “putos” o calificativos similares en la vía pública. Pero ello no se compara para nada con el acoso del que son víctimas las mujeres. Diariamente. Y repito, esto por poner un simple ejemplo. Hay muchos más y de consecuencias más profundas, pero “basta con una cachetada para denunciar el maltrato físico, para qué esperar a que te manden al hospital con derrames internos”.

Y claro que no es fácil renunciar a los privilegios de la masculinidad, pero es necesaria la reflexión en torno a que la equidad vendrá con la reducción de estos en nosotros y que a las mujeres no se les nieguen más. Eso sería una discusión más profunda, a su vez.

Por otro lado, al reflexionar sobre las muchas masculinidades que existen, los hombres ganamos. Y la sociedad en general. No es nuestro único rol ser el proveedor de la familia, el que mantiene la cabeza fría, el que es fuerte físicamente. Con el reconocimiento de las múltiples masculinidades se eliminan muchos estigmas en torno a lo que es y lo que no es un hombre: como cuando “llorar es para mujeres”, donde toda la frase está mal. Los hombres también podemos llorar, podemos cocinar, podemos planchar, abrazarnos sin dar golpes bruscos en la espalda, también besarnos al saludarnos; podemos ser musculosos, atléticos, o delgados, tener bigote o no tenerlo; podemos tener rasgos “afeminados” o muy “masculinos”. Podemos quedarnos al cuidado del hogar mientras nuestra pareja “sale” a trabajar. Porque no es cosa menor el trabajo en el hogar.

Podemos hacer las mismas cosas que las mujeres, así como las mujeres pueden hacer lo mismo que nosotros, porque no se trata de lo biológico (un argumento recurrente entre lo que mujeres y hombres pueden o no hacer). Nosotros no vivimos cazando en la naturaleza salvaje, sino en un medio social en donde lo que se requiere son, justamente, habilidades sociales. Eso si, todo lo que mencioné es con el debido respeto a cualquier persona que nos rodea, y con la plena aceptación tanto de estas como de nosotros mismos.

Todo este rollo que les cuento, es con la finalidad inmediata de invitarles a un taller de masculinidades al que asisto en la ciudad de Guadalajara. Lo coordinan dos compañeros del grupo de compas con los que me he reunido desde hace ya unos 10 meses a discutir cuestiones en torno a las masculinidades. Y la verdad que ha sido un viaje bastante enriquecedor y revelador, al poder conocerme de formas que jamás imaginé poder hacerlo.

Les dejo el cartel. Las sesiones son lunes y miércoles de las 17 a las 19 horas, en un parque ubicado en la esquina de las calles Gigantes y Aquiles Serdán, a tres cuadras de la estación Belisario Domínguez de la línea dos del tren ligero.

También les invito a seguir una página de Facebook que abrimos, y el blog No es amor es higiene, donde constantemente estaremos compartiendo información referente a las actividades que llevamos a cabo y demás información sobre masculinidades.

Fuente: cortesía

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@alejandrotello


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