Deshabitar el mundo (y hacinarlo en «El Rascacielos»)

Texto de Alejandro Tello, co creador de Blanks, publicado originalmente en Cine qua non. El autor agradece ampliamente la invitación a escribir esta colaboración.

 

Fuente: internet

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El fin del mundo es asociado comúnmente con la destrucción del planeta Tierra, o en su defecto, la aniquilación de la civilización humana (como si fuéramos lo único y más importante en el universo). Al no haber ocurrido hasta este momento algún suceso que produzca de tajo alguno de esos escenarios, en las películas suele narrarse el fin como algo a futuro (en el corto, mediano o largo plazo, pero al final, en un momento futuro). 

En High-Rise (2015), dirigida por Ben Wheatley y con un guion escrito por Amy Jump basado en la novela homónima de J. G. Ballard, podemos observar un fin del mundo a través de la metáfora de un rascacielos multifuncional en donde ocurren situaciones que ya hemos vivido desde hace algunos decenios a la fecha. Algunos ejemplos son la escasez de recursos, la marcada jerarquización de las clases sociales, la toma de decisiones por unos pocos, el abandono del espacio público. En general, muchas atribuciones al capitalismo puro. «Un futuro que ya ha tenido lugar», como dice el doctor Laing (Tom Hiddleston), protagonista del filme. 

Y es que la historia transcurre al interior de un rascacielos destinado a casa habitación de una gran cantidad de gente, entre familias diversas, personas solteras, profesionistas y demás. Aunque no se limita sólo a ser vivienda, sino que ofrece otras instalaciones de todo tipo para que las personas que habitan la torre no tengan motivos para salir de ella, ya que en diversos pisos hay supermercados, gimnasios, piscinas y demás áreas que tienen la finalidad de cubrir las necesidades de diferente índole de las y los residentes. Sólo algunas contadas personas salen a trabajar fuera de la torre, como el doctor Laing, que pareciera es psiquiatra y trabaja en un hospital-escuela de la ciudad. 

La distribución de los y las habitantes del rascacielos es en función de las clases sociales a las que pertenecen: en los niveles inferiores se instalan las personas con un poder adquisitivo más limitado que quienes habitan los niveles superiores, que tienen más dinero, más poder y ciertos privilegios particulares, y que en muchas ocasiones determinan el destino de quienes habitan en los niveles inferiores. En el nivel más alto vive el arquitecto Anthony Royal (Jeremy Irons), quien diseñó la torre (como parte de un conjunto de cinco rascacielos que simularían una mano al final de la construcción) y que hasta un punto de la historia es el único que toma las decisiones sobre lo que pasa en el edificio. 

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Dos, de las antes mencionadas, son en particular las causas de la destrucción de esta sociedad del rascacielos: la escasez de recursos y el abandono del espacio público. En cuando a la primera, no bien se ha instalado el doctor Laing en su nuevo departamento, comienzan a hacerse visibles (¿antes no lo eran?) fallas en el suministro de energía eléctrica, mientras en los pisos superiores se celebran fiestas llenas indiferencia a las carencias que hay en los pisos inferiores. Con los cortes en la energía eléctrica se suscitan reclamos y enfrentamientos que no sólo sitúan en polos opuestos a quienes viven arriba y quienes viven abajo, sino que la situación se convierte en una gran pelea entre cualquiera que vea a alguien más: los supermercados son saqueados, hay golpizas hasta por una lata de pintura, la gente invade otros departamentos… hasta la violación a mujeres se hace presente. Sin duda, la escasez de los recursos es causa de la barbarie, pero se acentúa específicamente por la inadecuada distribución de los recursos existentes. Al final, en el capitalismo siempre habrá personas de primera clase y las demás. 

La segunda razón de la debacle es el abandono del espacio público al colocar en el hacinamiento a las personas, creando así una sicosis colectiva. Fuera de la torre no se observa actividad humana alguna. No hay nadie caminando, ni carros en movimiento. Las pocos planos generales del rascacielos completo muestran el resto de la ciudad completamente ausente de vida. Únicamente en el estacionamiento del edificio es donde se observan personas, aunque sólo en los momentos de paso rumbo a su automóvil y después de eso desaparecen. Llama la atención que, cuando ya reina la violencia, un policía visita el rascacielos pero el arquitecto Royal le impide el paso y niega que haya una situación que atender. Este policía y la secretaria del doctor Laing son las únicas personas externas al rascacielos que aparecen a cuadro. 

¿Son la escasez de recursos y el abandono del espacio público el fin del mundo? Del mundo como lo conoces, al menos, sí. Una causante principal de las guerras y la consiguiente destrucción que traen ha sido la obtención de recursos, como petróleo o agua. Además, se destinan otros para el desarrollo mismo de la guerra que bien podrían ser utilizados con fines más humanitarios, como vivienda o comida. A final de cuentas, en el capitalismo cada centavo que tiene alguien en su cartera es un centavo que alguien más debe.

Así también, desde hace siglos se ha reconocido al espacio público como un elemento vital de la sociedad en la cual se colocan de frente todo tipo de personas, sentimientos, hechos, ideas; y esto se da en diferentes niveles: lo político, lo cultural, lo social, etcétera. Basta con observar las protestas sociales, los mítines, los conciertos en plazas públicas, la reta de fútbol en el parque de la colonia, los mercados, y diversas manifestaciones más que han tenido realce en los últimos años como el caminar la ciudad o la apropiación de las calles por medios de transporte no motores. 

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No es que estas situaciones sean algo que se presente de único episodio y provoquen la hecatombe, sino que minan la poca estabilidad que tienen los cimientos de la civilización con un modelo económico que, lejos de solucionar los problemas que nos aquejan como sociedad, fomentan la destrucción de la otredad. Cualquier situación que atente en contra de estos aspectos señalados, conlleva a un posible fin del mundo. 

Royal menciona que concibió el edificio para ser un crisol de cambio. Sin embargo, es evidente cómo fracasa el intento de proveer y con ello controlar a quienes habitan el rascacielos. Hacia el final, ni los colaboradores de Royal le son fieles a él, sino que expresan su lealtad con el rascacielos mismo: pareciera que las mismas personas han desaparecido. Por ello no es tan conveniente tratar de colonizar el cielo en el intento de olvidar la situación abajo, en las calles, como pretendía Royal. Aunque toda inversión a futuro tendrá sus riesgos, y más al enfrentarte a un fin del mundo. 

«El sistema de libre empresa es necesario, pero no es una condición suficiente. Hay solamente un sistema económico en el mundo y ese es el capitalismo. La diferencia radica en si el capital está en manos del Estado o si la mayor parte del él está en manos de personas fuera del control del Estado. Donde hay un estado capitalista jamás habrá libertad política». – Margaret Thatcher


High-Rise | El Rascacielos [título en español]
2015 | 199 minutos | Inglés | Reino Unido
Dirección: Ben Wheatley
Guión: Amy Jump [basado en High Rise de J. G. Ballard]
Producción: Jeremy Thomas
Casas productoras: Recorded Picture Company, Film4, British Film Institute, HanWay Films, Northern Ireland Screen, Ingenious Media
Reparto: Tom Hiddleston, Jeremy Irons, Sienna Miller, Luke Evans, Elisabeth Moss
Fotografía: Laurie Rose
Música: Clint Mansell
Edición: Amy Jump y Ben Wheatley


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