Profesor, no soy una asesina. Profesora, no soy una histérica

Texto por Beatriz Elena Lobo*

La lucha feminista lleva décadas en movimiento. Se han tenido grandes avances, como el voto para la mujer, poder divorciarnos, tener una cuenta de banco, tener propiedad privada, estudiar, trabajar en puestos públicos y de elección, y muchos más. Sin embargo, la lucha no ha terminado y hay quiénes no lo pueden ver.

Ya muchas veces nos han nombrado feminazis, porque creen que la lucha terminó, pero si eres mujer seguro te has sentido acosada en las calles, o temes por tu seguridad al caminar por la noche, también te han hecho sentir menos cuando toman la opinión de un hombre sobre la tuya, o cuando no te dieron ese ascenso porque eres madre. Si vamos un poco más allá, sabes que las legislaciones sobre tu cuerpo son propuestas, dialogadas y aceptadas o rechazadas principalmente por hombres y que lo productos necesarios para la mujer como tampones y toallas femeninas llevan un impuesto de producto de lujo.

Si eres hombre, lo más seguro es que no te hayas dado cuenta de esto, porque no te ves afectado y no te das cuenta que tienes derechos que las mujeres no. Probablemente tampoco se te ha erizado la piel cuando lees del nuevo feminicidio en tu ciudad, y más tarde el de la ciudad vecina, y tiemblas porque sabes que cada día asesinan con alto grado de violencia a casi 4 mujeres en el país.
Sí, tenemos muchos derechos gracias a la lucha feminista de mujeres que vivieron hace 100 años, pero falta mucho más por lograr, y aun así hay quienes siguen desestimando nuestra lucha. Personas, principalmente mal informadas y sin ganas de entender la problemática del país, y del mundo.

Por ejemplo, un profesor en mi maestría dijo que la cuarta ola del feminismo correspondía a las feminazis. Lo desmentí frente al grupo, asegurándoles que ese término nació por hombres quienes tratan de desacreditar la lucha de las mujeres. Cambió de tema para minutos más tarde pedir mi aportación, antes refiriéndose a mí, frente a todo el grupo, como feminazi. No pude contestarle, porque su posición de poder como profesor me intimidó, pero debí recordarle que los nazis realizaron el exterminio judío más grande de la historia, de homosexuales y gitanos, de rebeldes contra su causa como los comunistas y socialistas. Los nazis experimentaron en humanos, los cansaron hasta matarlos, se burlaron, engañaron, los deshumanizaron. Profesor, el holocausto nazi fue una persecución y asesinato sistemático, el intento de exterminio de una raza entera donde más de 6 millones de judíos perdieron la vida.

Y ahora, le pregunto profesor, ¿cuál es el holocausto feminazi? ¿acaso son hombres planchando sus camisas, o lavando trastes? ¿o serán hombres orillados por la opinión pública a respetar a las mujeres? ¿tal vez son hombres controlando sus impulsos sexuales para respetar a sus iguales? Hasta donde recuerdo, profesor, ninguna feminazi ha hecho ni jabones ni lámparas de los penes cortados en los campos de concentración, ¿no será que confunde los términos profe?

Y le recuerdo profesor, que está hablando ante un grupo de alumnos, que lo admiran y lo siguen, y esos comentarios solo incrementan los criterios pobres y argumentos que recurren a insultos para poder dar un punto de vista. Dice ser experto en tendencias, entonces, estúdielas. El feminismo es la tendencia, el feminazismo es la contrapostura de los hombres asustados ante el empoderamiento de la mujer.

Debo confesar que me sentí humillada cuando se refirió a mí como feminazi, pero más humillante debe ser abusar de una posición de poder para dirigirse a una alumna.

Y aquí quiero apuntar algo muy importante, la posición como líder de opinión que tienen los profesores. Yo como profesora de preparatoria trato con cuidado algunos temas, porque aunque hay alumnos que comparten mi forma de pensar, hay otros que están totalmente en contra, por ejemplo del aborto. Hay que tener cuidado con lo que se dice en un aula de clase, porque los estudiantes tendemos a creer lo que dice el profesor, y muchos repiten patrones del siglo pasado, sin informarse ni educarse.

Con un segundo ejemplo les platicaré de una de mis ex profesoras favoritas. Clases dinámicas, interesantes, excelentes actividades de aprendizaje, hasta el lamentable día en que nos pidió que describiéramos a las mujeres y a los hombres. Para ella, las mujeres somos dramáticas, celosas, obsesivas, enojonas e histéricas. Los hombres tienen un pensamiento más lógico y menos enredado, son limpios y ordenados, no son celosos.

Le recuerdo profesora, que los seres humanos somos tan complejos que es imposible categorizarlos de esa forma por el simple hecho de ser mujer u hombre. Y le recuerdo también que ante usted tiene un grupo de futuros publicistas y mercadólogos, quienes venderán productos y servicios basándose en estereotipos arcaicos por su “excelente” aportación.

De ser grandes profesores han caído varios peldaños, ya no están en ese altar de profesores que inspiran, comparten conocimiento, guían. Han caído varios pisos por no comprender que están en un mundo cambiante, donde seguimos viviendo muchas desigualdades, donde ya no cabe opinar delante de un salón de clase sin tener fundamentos, donde los insultos no tienen cabida, donde los hombres y mujeres debemos tener las mismas oportunidades, derechos y respeto ante los demás, y donde las alumnas no nos vamos a callar.

La lucha feminista es actual, y combatimos en las calles, en el transporte público y hasta en los salones de clase. Nuestras armas son el conocimiento del tema, de las legislaciones y de los sucesos mundiales, las teclas de la computadora, las pancartas e insignias.  Nuestros enemigos no son los hombres, que eso quede bien claro. Los enemigos vendrían siendo las tradiciones y costumbres machistas, sexistas y misóginas, la forma de pensar de algunos hombres y mujeres que se quedaron muchos años o hasta siglos atrás. No, no queremos exterminar a NADIE, sólo exterminar pensamientos, ideas y tradiciones. Y no, profesor, no me va a callar.

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Fuente: Cocupo

*Texto publicado originalmente en Brieffy; reproducido aquí con autorización expresa de la autora, a quien agradecemos ampliamente.


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One comment

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