Hay que continuar moviéndonos

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Luego de los sismos que azotaron a buena parte del territorio mexicano durante septiembre, una cosa, de entre varias, ha quedado clara: la sociedad civil tiene las herramientas que le permiten organizarse en pro de una causa que atañe a la población en general. Sin olvidar la voluntad necesaria para tales cuestiones.

Esto no es nuevo, pero pareciera que se nos escapa de la memoria mientras no haya un estado de emergencia como el que comenzó el pasado siete de septiembre y se acrecentó en menos de dos semanas, el 19 de septiembre. Las personas salieron a las calles para apoyar en las labores de rescate de las que quedaron sepultadas entre los escombros; se organizaron centros de acopio civiles para tener los productos y artículos necesarios durante la contingencia; algunas personas de los estados no afectados directamente por los sismos viajaron para ser parte de las brigadas de rescate, y muchas otras más donaron desde dinero hasta comida, artículos de curación e higiene y hasta juguetes, los cuales serían enviados a las zonas de desastre. Vamos, hasta ayuda venida de otros países llegó para contribuir a paliar la desgracia.

El gran ausente fue y ha sido el gobierno, en sus diferentes niveles. Aunque tal vez colocarlo como ausente sea una manera muy complaciente de calificarlo, por aquel dicho de «mucho ayuda el que no estorba», y no es así. Prueba de ello son las retenciones de los mismos víveres que se enviaban para ayudar a la población damnificada, por ejemplo en Morelos. Además del vacío de información que ha sido más que evidente y que organizaciones ciudadanas, como Artículo 19  o #Verificado19s , han denunciado públicamente estas omisiones por parte del Estado, luego de que ellas mismas hicieran una labor al respecto con mayor profundidad y utilidad para la población.

De entrada la falta de cifras oficiales de las personas desaparecidas u hospitalizadas y una patética falta de coordinación interinstitucional, lo cual ha motivado a que la sociedad civil se encargue de dicha labor. En cambio, las diferentes instancias gubernamentales utilizan sus espacios en medios de comunicación para enaltecer un sentido patriótico y heroico, junto a la siempre alabada imagen del gobierno, en lugar de dar información veraz y oportuna. Y por si no fuera poco, el gobierno ha entorpecido las labores periodísticas en las zonas de desastre.

Es evidente que la sociedad civil está mejor organizada ante las lentas reacciones del gobierno y esto es algo que no se debe echar en saco roto. El estado de emergencia no ha cesado. En los distintos puntos afectados por los sismos siguen requiriendo la ayuda del resto de la población, y hay que seguir apoyándoles en la medida de lo posible. Pero también está otra parte que (re)-surge a partir de esta contingencia: la observación crítica al gobierno y exigirle rendición de cuentas y transparencia que nos brinde la certeza de que, por ejemplo, la edificación en que vivimos fue construida bajo estándares estrictos para soportar este tipo de fenómenos naturales. O que el Fondo de Desastres Naturales se usará para lo que realmente debería ser y que además cubre la totalidad de daños (y esto es algo muy delicado dado el desvío de recursos públicos tanto en los estados como el mismo gobierno federal que varios medios de comunicación han investigado y documentado. El colmo va a ser que la partidocracia lucre con la tragedia acontecida dado el año electoral en que ya nos encontramos, y que en realidad ya empezaron a hacerlo al no perder tiempo para salir a los reflectores anunciando que los recursos de los partidos (más bien, recursos públicos), algunos solo una parte y otros dicen que todos, serán destinados a la reconstrucción de las zonas afectadas. Pero para éstas y otras más situaciones es necesario que no se pierda la organización que se ha alcanzado para tener el dedo en el renglón de manera constante.

Hay que continuar moviéndonos. «Ya nos organizamos, pues ahora hay que seguirle como podamos»

@alejandrotello


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