El final de todo: el acertado road trip apocalíptico de Netflix

Fuente: Cortesía

Año con año la maquinaria de Hollywood llena las pantallas internacionales de al menos un filme sobre desastres naturales o el fin del mundo, por lo que como espectadores hemos conocido desde tornados hasta terremotos asesinos, meteoritos fulminantes y plagas devastadoras. Afortunadamente siempre un hombre (generalmente blanco) que vive bajo los valores occidentales salva al mundo del malévolo desastre natural, además, nunca falta una lección emocional sobre cosas como la importancia de la familia, contrapuesta a la maldad del divorcio, etc.

«El final de todo» (2018) pudiera parecer más de lo mismo: un hombre y su suegro, quien no lo quiere tanto, se embarcan en una aventura para rescatar a su prometida en medio de un escenario apocalíptico donde el internet no funciona. Yo hasta puedo visualizar una comedia con Adam Sandler usando esa misma sinopsis. Sin embargo, esta película del director David M. Rosenthal es una peculiaridad entre el cine de este tipo. Alejándose del tono de película para todo la familia y entrando más de lleno en el drama, nos cuenta este singular road trip donde el desastre natural pasa a segundo plano y lo importante son sus consecuencias en las relaciones humanos.

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De manera similar a The Road (adaptación de la novela homónima) «El final de todo» nos muestra a los protagonistas enfrentándose a un ambiente hostil debido mayormente a los propios humanos: nadie es de fiar, ni siquiera ellos mismos para los demás. Las escenas de catástrofe son pocas y mesuradas, las de acción son un poco más, pero bien ejecutadas y rodeadas de una constante tensión con muy contados respiros.

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El final de todo nos brinda a un Forest Whitaker (El Último Rey de Escocia, 2006) en un excelente punto de su madurez como actor encarnando a Tom Sutherland, el duro ex-militar suegro del protagonista, Will, un joven abogado interpretado por Theo James (Divergente, 2014). El choque entre ambos personajes, debido a su pasado y personalidades, es bien presentado y desarrollado durante toda la película, convirtiéndose Tom en el maestro que Will necesita para enfrentar la crítica situación que se vive. Al reparto se suma el talento de Grace Dove (The Revenant, 2015) en el papel de Ricki una joven indígena de familia disfuncional, regalándonos desde momentos cómicos hasta angustiantes.

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Además, «El final de todo» logra retratar la psicosis y la paranoia del pueblo norteamericano como raras veces se ve en pantalla, mostrando a confundidos personajes circunstanciales que achacan el caos ya sea al gobierno, a un invasor extranjero o alguna otra causa que amerite usar gorro de aluminio a diario. Otro punto a favor es la nula aclaración de las causas y funcionamiento de la catástrofe, todo es confusión y especulaciones. Y es que, admitámoslo, tener a un supuesto científico (te estoy viendo Eugenio Derbez) explicando porqué hay un terremoto o huracán asesino acechando contra los valores norteamericanos, le quita irónicamente verosimilitud y dramatismo al desastre.

Así el guionista Brooks McLaren, en el que parece ser su primer guión de largometraje, realizó en meticuloso trabajo en desarrollarnos las diferentes peripecias a lo largo del camino de los personajes para que estas funcionen de manera orgánica durante el proceso. «El final de todo» es imperdible, no solo por su factura en efectos especiales, si no por saber plasmar los vaivenes que enfrenta el ser humano contra sí más que contra la naturaleza, porque aunque nos muestra nuestra inferioridad como especie, también nuestra vileza y virtud.

Trailer:

Texto por @jaimemazos.


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