Algunas aristas sobre el cine mexicano y sobre su futuro

Roma (2018) se coronó como la máxima ganadora en la sexagésima primera entrega de los premios Ariel el pasado 24 de junio de 2019. La cinta casi autobiográfica del reconocido cineasta Alfonso Cuarón, es considerada una de las más importantes de la historia del cine nacional. Dejó la sensación de que el séptimo arte hecho en México está más consolidado que nunca, pero la realidad es muy diferente si se toma en cuenta que en el propio país es el que menos se consume.

Roma (2018). Fuente: Fotogramas

A priori, las cifras son alentadoras. En 2018, la producción de cine mexicano ascendió a ciento quince títulos en las salas de todo el país y siento ochenta y seis filmes realizados, esto según reporta el Anuario Estadístico del Cine Mexicano 2018. También hay un incremento de espectadores, con un 30% más que en 2017[1]. Pero estos números se ven opacados cuando los ingresos generales son mínimos comparados con la cantidad que genera el cine extranjero, principalmente el hollywoodense, que se lleva más de 15 mil millones de pesos mientras el nacional apenas alcanza mil millones.

Las razones que da el Instituto Mexicano de Cinematografía son la preferencia de las audiencias por productos estadounidenses, la piratería y la falta de leyes que sancionen la proliferación de las copias ilegales. Un 45% son comercializadas antes del estreno, 40% son grabadas en las propias salas de cine y 20% descargadas por Internet. El mismo instituto estima que se gastan más de siete mil millones de pesos en películas piratas nacionales y extranjeras[2]. En todo caso, es sesgado culpar solamente a la piratería.

El acercamiento de las personas al consumo pirata cambió drásticamente con el internet, y las pérdidas monetarias no se pudieron seguir midiendo de la misma forma que antes. Incluso se ha revelado que las personas que piratean tienen altas probabilidades de comprar el producto que descargaron ilegalmente.

A la par se habla de un problema de creatividad y falta de oferta. La falta de reflexión a la realidad de México que muestra el grueso del cine mexicano, es parte del discurso de algunos cineastas, como Luis Estrada (2017): “No soy un politólogo, no soy un político, no soy un sociólogo. Soy una persona muy preocupada por mi entorno, por lo que pasa, por el futuro, ¿qué mejor forma de hacerlo que por medio del cine?”[3] A esto hay que sumarle la falta de apoyo a los jóvenes cineastas, la poca oferta laboral y el abandono de espacios culturales. Como explica Carlos Bonfil (2008):

Un mundo Maravilloso – Luis Estrada (2016)

La realidad es muy distinta, y en la prensa local abundan las declaraciones de jóvenes cineastas que continuamente señalan los mismos obstáculos a que se enfrentan: falta de visibilidad para sus producciones, una distribución deficiente  […] cuotas de exhibición injustas (…), un marco legal impropio (…), escasa voluntad política del gobierno para apoyarla, y nulo compromiso de las compañías de televisión para coproducir cine[4].

Hablando de las instituciones, es dominio público que éstas se encuentran secuestradas por grupos de personas con intereses personales que reparten los recursos arbitrariamente y sin ningún tipo de auditoría. La corrupción, el amiguismo y el nepotismo son iterativos en la industria mexicana, y no parece que pronto se acaben.

Amat Escalante. Fuente: El País

Alfonso Cuarón, Alejandro G. Iñárritu y Guillermo del Toro son grandes cineastas mexicanos con prestigio internacional, pero son casos extraordinarios cuyos trabajos no han tenido el mismo éxito en México. Podemos hablar de la ya mencionada Roma: Cuarón tuvo que buscar formas de distribución para que la película pudiera verse, y terminó negociando con Netflix, quien compró los derechos del filme. Si hablamos de cineastas más “jóvenes”, hay un puñado que apenas si tienen reconocimiento: Amat Escalante, Michel Franco y Fernando Eimbcke son algunos, y sólo han podido labrar una carrera gracias al apoyo de instituciones gubernamentales (las cuales ya comentamos, no son órganos impolutos), privadas, así como festivales nacionales, los cuáles se han convertido en lugares de gran apoyo para buscar proyección.

Aunque las cifras generales den esperanza y el cine en México crezca a pesar de hacerlo de formas cuestionables, se está lejos acabar con una crisis que lleva muchos años presente. La solución es compleja pero no imposible: se necesitan mejores leyes, instituciones limpias y reguladas, pero sobre todo una cultura cinematográfica fuerte que sólo se puede obtener trabajando desde los niveles más jóvenes de la sociedad, creando una cultura cinematográfica que actualmente es casi inexistente, y apoyando instituciones académicas que fortalezcan a la industria.

Texto de César Augusto.


[1] https://www.jornada.com.mx/ultimas/2019/06/04/nuevas-marcas-para-el-cine-mexicano-115-estrenos-y-186-producciones-3646.html

[2] https://www.elhorizonte.mx/finanzas/cine-mexicano-en-crisis-de-ingresos-y-asistentes/2294894

[3] https://www.proceso.com.mx/480284/complicado-hacer-cine-en-mexico-perpetua-crisis-zozobra-luis-estrada

[4] https://www.jornada.com.mx/2008/12/28/index.php?section=opinion&article=a07a1esp

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