‘Joker’ coquetea con el cine de autor

Cuando el pasado mes de septiembre durante el Festival Internacional de Cine de Venecia se estrenó Joker (‘Guasón’ en Hispanoamérica), la expectativa se disparó por los cielos. La noticia de que la cinta mereció ocho minutos de aplausos fue una sorpresa y poco después se anunciaba como ganadora del máximo galardón del festival, el León de Oro, lo cual terminó de ponerla en el foco de atención. Anunciado a Martin Scorsese de productor (retirado del proyecto en 2018) y con Joaquin Phoenix tomando el papel protagonista, estaba claro que no sería una película de cómics al uso. Lo único que generaba dudas era el director Todd Phillips, cineasta que no es reconocido especialmente por ser un gran narrador, y cuya filmografía está definida por la comedia más desvergonzada donde lo más destacable es “¿Qué pasó ayer?” (The Hangover, 2009). Afortunadamente, y a pesar de ciertas irregularidades que llega a cargar la película, Phillips tiene bien claro qué quiere contarnos y filma no solo la que es su mejor cinta, sino una película con discurso, que arriesga, incomoda y genera debate en tiempos en los que la industria hollywoodense parece estar estancada.

Joker cuenta la historia de Arthur Fleck, un hombre con problemas psiquiátricos que debe lidiar con un montón de cosas: un trabajo mediocre, cuidar a una madre enferma, un intento de iniciar una carrera de comediante que no promete mucho y una peculiar enfermedad que no ayuda en nada cuando se trata de socializar con los demás. Tiene que sobrellevar todo esto en medio de una ciudad que está al borde del caos, cuya sociedad está en un momento de crisis y donde personas como Arthur son completamente ignoradas, maltratadas y menospreciadas.

Contar una historia así es uno de los retos más difíciles en ese tipo de adaptaciones tomando en cuenta el tono realista que querían implementar. No un tono como el que hizo Christopher Nolan con su Caballero de la Noche, cuyo realismo fue más una cuestión de retórica que de forma. No, aquí la aproximación sería traer a un personaje que hemos visto en películas como “Batman” de Tim Burton, a algo más cercano a lo que se ve en “Una Historia Violenta” de David Cronenberg, por poner dos ejemplos de películas que adaptan obras del noveno arte.

Y afortunadamente lo logran gracias al trabajo en conjunto donde cada departamento brilla por su cuenta. El director se nota cuidadoso en cada uno de los apartados para poder narrar la historia en sintonía, empezando con la cinematografía de Lawrence Sher, que logra plasmar con gran acierto el mundo decadente de una Ciudad Gótica atemporal en yuxtaposición con el intimismo que supone ser un relato contado enteramente desde el punto de vista del protagonista. De la mano le acompaña una banda sonora que (por fin) se aleja diametralmente de lo que estábamos acostumbrados en este tipo de películas. Aquí no hay piezas estridentes o épicas, aquí lo que encontramos es música más contenida, que refleja tanto la lucha interna del protagonista, como al mundo en el que vive, esto en combinación de canciones icónicas que van desde el jazz y el soul, hasta el rock y blues, logrando una simbiosis muy buena. Especial mención al motivo musical que acompaña a Arhur en todo momento. Firmada por Hildur Guðnadóttir, quien ha trabajado en películas como La Llegada, Sicario y El Renacido, y compuesto la banda sonora de la aplaudida serie Chernobyl, este apartado es uno de los que más resalta.

Lamentablemente tiene algunos traspiés, porque Joker no es una película perfecta. Todd Phillips no tiene todos los recursos necesarios a nivel narrativo para dar ese pequeño salto y entregar la película definitiva de un personaje como Joker. En ocasiones llega a pecar de ser demasiado explicativo, haciendo uso de la exposición e incluso en algunos momentos puede ser superficial. Da la sensación que no se arriesga a profundizar aún más en momentos clave de la trama y del protagonista. Trato de no entrar en comparaciones con otras cintas pero aquí es inevitable llegar a hacerlo ya que tiene todos los elementos que daban lo necesario para contar un relato aún más crudo y realista de lo que ya es, pero sobre todo por las claras influencias del cine de Martin Scorsese, especialmente en Taxi Driver (1976). No las muestra de una forma en que se pueda considerar plagio poniendo en duda su propio discurso, pero sí llegan a ser muy obvias las referencias, y por lo mismo se deja ver que el nivel de crudeza con el que Scorsese retrata la vida y psique de Travis Bickle es más arriesgado y mejor logrado que lo hecho por Todd Phillips.

Por otro lado, y aunque está justificado por el propio tratamiento de la historia, los personajes secundarios llegan a sentirse unidimensionales. Esto se debe a que se dedica muy poco o nada de tiempo a darles más peso dramático y su función termina por completo supeditada al protagonista. Algo más de profundidad en alguno de ellos ayudaría a elevar el nivel de la película. A pesar de estos detalles narrativos, la película no se arruina de alguna forma, en todo momento brilla y se sostiene por sí misma, aunque sí que ponen en balanza la percepción de un filme que ha llegado lleno de polémica, y que a últimas ha polarizado a la crítica y se ha llevado toda la atención del público.

Es curioso cómo se le ha acusado a la película de ser tóxica, incitando a la violencia y enaltecer figuras psicópatas, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, pareciera ser lo contrario ya que nos invita a ver cosas que regularmente decidimos ignorar. Si bien es cierto que su narrativa nos lleva a empatizar y entender a Joker, en ningún momento muestra una romantización de sus actos, y mucho menos los justifica.

Como sea, el trabajo del director tiene muchos más logros que fallas. No se puede pensar en el filme sin él. Porque Joker antes de ser una película de cómics o una de Warner, es una película de Todd Phillips. Aquí se muestra maduro y completamente entregado al proyecto pues siempre se involucró profundamente a nivel creativo. No solo dirige sino también firma el guion de la mano de Scott Silver, y es gracias a esto que el filme se sale del confort de ser solo entretenimiento y nos da una propuesta inteligente, que sabe aprovechar como pocos el mundo en el que se basa. En todo momento queda presente en que es una historia dentro del universo de Batman, así que las referencias no faltan. La diferencia aquí es que no la usa como gancho comercial sino para crear una historia verosímil entre lo que quiere contar y en lo que se basa, para expandir las posibilidades de la historia y su mundo, pero sobre todo (y para mí uno de mejores puntos) para crear una fuerte relación entre los actos del protagonista y sus víctimas, especialmente con una.

Pero el punto que creo la eleva sobre el resto de producciones de este tipo, es que se atreve a meter cuestiones sociopolíticas y de clase, jugando con la ambigüedad y grises de ciertos personajes que se creían moralmente intachables. Lleva el camino a la locura de forma que podamos entender las motivaciones del protagonista sin por ello justificar sus acciones y sin buscar juicios morales. Su enfoque es retratar la realidad de la civilización más decadente que podemos vivir para enriquecer su “estudio de personaje”. Usando el realismo, busca borrar la línea entre nuestro mundo y el ficticio de las historias de cómic, para poder desarrollar lo que significa Joker, un villano que siempre ha representado la peor cara del ser humano. Incluso se atreve a jugar con la percepción de la realidad, así que la narrativa va en conjunción perfecta con la historia de Arthur Fleck.

Y aquí es donde entra lo que definitivamente es lo mejor de la película: Joaquin Phoenix. Todos hablan del trabajo extraordinario que hace el actor, y es completamente cierto. Su transformación física, su trabajo vocal y su expresión corporal no son cosas que resalten por separado, sino completan a un personaje increíblemente fascinante. Y no es descabellado empatizar con él pues gran parte de la película no está interpretando al reconocido villano, sino a la persona que era antes de perder la cordura. Un ser humano con una vida llena de desgracias que por situaciones fuera de su alcance, y a pesar de tratar de mantenerse cuerdo y sano, termina siendo alguien en extremo inestable. Phoenix se entrega por completo y hace suya la película, teniendo muchísimos momentos donde tiene la oportunidad de lucir, especialmente en los que muestra por completo su inestabilidad. Es difícil decir cuál es su mejor escena porque en todas está increíble. Su gran trabajo actoral a la par de la buena puesta en escena del director y el fotógrafo, nos deja momentos que se quedan en la memoria y que difícilmente se van a olvidar. Lo único “malo” que podría decir sobre esto es deja ganas de más, y es que cuando empieza a mostrarse por completo como el mítico villano es cuando explota toda esa maldad que la película va acumulando, y pasas de sentir ástima a sentir miedo. Sería interesante volverlo a ver en conjunto con Batman, pero no hay nada confirmado. De no ser así, lo mejor sería que no tuviera secuela alguna. Afortunadamente la película es autoconclusiva sin final abierto, lo cual juega a su favor pues termina siendo por completo redonda, donde nada sobre ni nada falta.

En medio de una industria dominada por el modelo Disney, con una Marvel produciendo proyectos que generan millones a costa de tener muy poca o nula libertad creativa para directores y escritores, una película como Joker es necesaria por representar un tipo de producción que por momentos parece ninguneado: el cine donde las decisiones importantes no las toman los ejecutivos, sino los creativos, dándole lugar al director y a su visión. Demuestra que se pueden tomar historias de cómics de forma seria, para crear películas que no están peleadas entre ser entretenidas, ser adultas y ser exitosas. Y por el momento que le tocó, Joker es una película más grande que ella misma.

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