Hay que continuar moviéndonos

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Luego de los sismos que azotaron a buena parte del territorio mexicano durante septiembre, una cosa, de entre varias, ha quedado clara: la sociedad civil tiene las herramientas que le permiten organizarse en pro de una causa que atañe a la población en general. Sin olvidar la voluntad necesaria para tales cuestiones.

Esto no es nuevo, pero pareciera que se nos escapa de la memoria mientras no haya un estado de emergencia como el que comenzó el pasado siete de septiembre y se acrecentó en menos de dos semanas, el 19 de septiembre. Las personas salieron a las calles para apoyar en las labores de rescate de las que quedaron sepultadas entre los escombros; se organizaron centros de acopio civiles para tener los productos y artículos necesarios durante la contingencia; algunas personas de los estados no afectados directamente por los sismos viajaron para ser parte de las brigadas de rescate, y muchas otras más donaron desde dinero hasta comida, artículos de curación e higiene y hasta juguetes, los cuales serían enviados a las zonas de desastre. Vamos, hasta ayuda venida de otros países llegó para contribuir a paliar la desgracia.

El gran ausente fue y ha sido el gobierno, en sus diferentes niveles. Aunque tal vez colocarlo como ausente sea una manera muy complaciente de calificarlo, por aquel dicho de «mucho ayuda el que no estorba», y no es así. Prueba de ello son las retenciones de los mismos víveres que se enviaban para ayudar a la población damnificada, por ejemplo en Morelos. Además del vacío de información que ha sido más que evidente y que organizaciones ciudadanas, como Artículo 19  o #Verificado19s , han denunciado públicamente estas omisiones por parte del Estado, luego de que ellas mismas hicieran una labor al respecto con mayor profundidad y utilidad para la población.

De entrada la falta de cifras oficiales de las personas desaparecidas u hospitalizadas y una patética falta de coordinación interinstitucional, lo cual ha motivado a que la sociedad civil se encargue de dicha labor. En cambio, las diferentes instancias gubernamentales utilizan sus espacios en medios de comunicación para enaltecer un sentido patriótico y heroico, junto a la siempre alabada imagen del gobierno, en lugar de dar información veraz y oportuna. Y por si no fuera poco, el gobierno ha entorpecido las labores periodísticas en las zonas de desastre.

Es evidente que la sociedad civil está mejor organizada ante las lentas reacciones del gobierno y esto es algo que no se debe echar en saco roto. El estado de emergencia no ha cesado. En los distintos puntos afectados por los sismos siguen requiriendo la ayuda del resto de la población, y hay que seguir apoyándoles en la medida de lo posible. Pero también está otra parte que (re)-surge a partir de esta contingencia: la observación crítica al gobierno y exigirle rendición de cuentas y transparencia que nos brinde la certeza de que, por ejemplo, la edificación en que vivimos fue construida bajo estándares estrictos para soportar este tipo de fenómenos naturales. O que el Fondo de Desastres Naturales se usará para lo que realmente debería ser y que además cubre la totalidad de daños (y esto es algo muy delicado dado el desvío de recursos públicos tanto en los estados como el mismo gobierno federal que varios medios de comunicación han investigado y documentado. El colmo va a ser que la partidocracia lucre con la tragedia acontecida dado el año electoral en que ya nos encontramos, y que en realidad ya empezaron a hacerlo al no perder tiempo para salir a los reflectores anunciando que los recursos de los partidos (más bien, recursos públicos), algunos solo una parte y otros dicen que todos, serán destinados a la reconstrucción de las zonas afectadas. Pero para éstas y otras más situaciones es necesario que no se pierda la organización que se ha alcanzado para tener el dedo en el renglón de manera constante.

Hay que continuar moviéndonos. «Ya nos organizamos, pues ahora hay que seguirle como podamos»

@alejandrotello


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Las estamos matando

Fuente: Cortesía

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Mucha Mierda

Vivimos en un país donde uno de los problemas estructurales más graves es que los hombres atentamos contra las mujeres en diferentes formas y no hay manera de recibir el merecido castigo. Mujeres del campo, de las ciudades, con alto poder adquisitivo, de escasos recursos; madres, solteras, estudiantes, profesionistas; para resumir: mujeres de un sinfín de orígenes son acosadas sistemáticamente por los hombres. Desde el piropo deleznable, pasando por los tocamientos lascivos, los golpes, la violación sexual, hasta el asesinato mismo. Feminicidio, como tiene que decirse.

Los feminicidios de Mara Castilla, María Fernanda Gutiérrez, María Antonia Ruiz, o de Raymunda Josefina Loredo son solo la punta del iceberg de la violencia machista que vivimos en México día con día. ¿Cuántos casos más se habrán quedado en las sombras antes de la exposición mediática y viralización actual de este fenómeno, y aún así cuántas más ven coartadas sus vidas solo por su condición de mujeres y todo queda en la total impunidad?

Con la violencia carcomiendo el tejido social en el país, aún así abundan las personas, y en particular los hombres, que no pierden el tiempo en mencionar cosas como que “no todos los hombres somos así”, “también a los hombres nos violentan”, “es su culpa por salir a altas horas de la noche” o “por andar muy destapada de la ropa”. Y esto en cuanto a lo más suave, porque también sale enseguida a flote la moral “intachable” que tienen para decirles putas, golfas, borrachas, drogadictas, etc. Total que siempre la culpa es de la víctima.

Mientras los feminicidios se convierten en el pan de cada día, se le tacha de feminazi a cualquier mujer que trata de defenderse de la violencia machista sistemática en que se ve envuelta todo el tiempo; en lugar de dejar de pensar en el privilegio de cada uno y mostrar un poco de empatía, al menos, por lo que les estamos haciendo a las mujeres. Dudo mucho que los hombres siempre tengamos miedo de caminar por la calle y ser violentados. Nunca se me ha acercado un completo hombre desconocido para pedirme a apoyo y caminar a mi lado durante un par de cuadras para llegar a una simple tienda. En cambio, sí he sabido que muchas mujeres que conozco lo han hecho al verse en tal necesidad, y hace unos días me ocurrió que una joven que no conozco me lo pidiera.

Considero que hay algo urgente que tenemos que reflexionar los hombres: estamos matando a las mujeres. Tenemos que ser consecuentes con ello y hacer lo que nos toca desde los contextos en que nos desarrollamos, en nuestras familias, nuestros trabajos, nuestros vecindarios. Basta de pensar que solo nuestra condición en lo individual es lo más valioso, porque nadie está exento de la violencia en México, así que no queramos callar o desacreditar los reclamos de las mujeres por la violencia que se presenta contra ellas. Y eso por lo menos.

@alejandrotello 


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#MuchaMierda | La tiranía de los buenos

Fuente: cortesía

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Enrique Alfaro, presidente municipal de Guadalajara, ha ganado en presencia política durante los años recientes tanto a nivel local como nacional. Siempre ligado a la administración pública, fue diputado local de Jalisco entre 2007 y 2009 y alcalde de Tlajomulco de Zúñiga de 2009 a 2012, en el que fuera el primer gobierno de izquierda en un municipio de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Desde entonces ha manejado un discurso de cercanía a la gente, ondea la bandera de ser un ciudadano, no un político, ya que se dice no militar formalmente en ningún partido y que estos solo son plataforma para competir contra el PRI.

En 2012, cobijado por el PT y Movimiento Ciudadano (MC), estuvo a punto de ganar la gubernatura de Jalisco, quedando a cuatro puntos porcentuales de Aristóteles Sandoval, candidato por el PRI y actual gobernador del estado.

Luego de perder, inició su campaña rumbo a la alcaldía de Guadalajara para las elecciones de 2015 (no solo AMLO realiza campañas con varios años de antelación). En esa ocasión, en solitario con MC, el resultado le fue favorable por un margen casi de 2 a 1 frente a su competidor más cercano, el candidato del PRI, Ricardo Villanueva; con ello rompió el bipartidismo PRI-PAN que siempre había dominado en Guadalajara.

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A casi dos años de que tomara posesión como alcalde en La Perla Tapatía, Alfaro ha sido muy criticado por el discurso que maneja con respecto a las acciones que su gobierno realiza. Es calificado de déspota por su manera de tomar decisiones, sin escuchar a equipo y sin importarle lo que diga la ciudadanía.

Esto último me parece muy extraño, ya que sigue montado en su macho de que es un gobierno de y para los ciudadanos. Sin embargo, para él hay ciudadanos de los buenos y ciudadanos de los malos; estos últimos “siempre quieren pegarle a su administración”, ya que a pesar de los cantidad de programas sociales que hay, “los malos ciudadanos siguen dejando la basura en la calle”, “no agradecen” por obras públicas entregadas a medias; y hasta resulta que para él los integrantes del Parlamento de Colonias son “extorsionadores profesionales”.

El último grito en el cielo se da por el programa de Arte Público que ha sido sumamente criticado, con proyectos que no están acorde a las necesidades de la relación ciudadanía-arte. Vamos, ni siquiera el manejo de discurso hasta este momento muestra alguna razón que justifique la inversión millonaria que se ha gastado, y lo que falta por gastarse en ese rubro. Enrique Alfaro se presenta por enésima vez como un alcalde impositivo. Menciona: «Este no es ningún capricho de Enrique Alfaro. Una ciudad que no invierte en #ArtePúblico es una ciudad sin amor propio.» (Comentario en su página oficial de Facebook.). También: «Desde ahorita les decimos que pueden hacer lo que gusten, pueden decir lo que quieran, nosotros vamos a seguir hacia adelante con el proceso de arte urbano para la ciudad» (declaración a medios).

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Así no, Alfaro; el alcalde de Guadalajara cree que ondear la bandera de gobierno ciudadano le da el derecho a decir que hay buenos ciudadanos (los que lo apoyan) y malos ciudadanos (los que lo critican); y lo peor, sin siquiera dar una justificación razonable de ello.

Aun con que este mismo mes se llevará a cabo el ejercicio de ratificación de su mandato, en el que “se someterá” a la aprobación de su gobierno ante la ciudadanía (un ejercicio también muy criticado por la inversión y su calidad no vinculante, entre otros aspectos), Alfaro se está cerrando completamente al diálogo. Y eso es lo mismo que hacen los tiranos.

@alejandrotello 

#MuchaMierda | De cómo meterle el pie a la lucha contra la corrupción

Ya lo dijo Rafael Álvarez Cordero en su columna de ayer domingo 9 de julio: «… hemos llegado a necesitar un Sistema Nacional Anticorrupción cuando tenemos ministerios públicos, tenemos jueces, procuradores de justicia locales y generales, tenemos auditores locales y generales, tenemos mil maneras de conocer los actos ilícitos y la corrupción… y no pasa nada, porque todos tapan a todos…». Y no conforme con lo anterior, el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) ha sido sometido a una serie de trabas que minan su correcto funcionamiento, a tan solo algunos días de que entre en labores formales.

Una de estas trabas es la campaña de desprestigio en contra de la conformación de la Comisión de Participación Ciudadana (CPC) del SNA, cuyos integrantes fueron elegidos mediante la evaluación rigurosa y transparente por parte de la Comisión de Selección (CS) que el Senado de la República determinó.

El propio Senado es uno de los detractores de la CPC, ya que el presidente de la Mesa Directiva, Pablo Escudero, legislador por el Partido Verde Ecologista de México, ha hecho acusaciones sin sustento que desacreditan el proceso de selección. Y Escudero se ve avalado en sus afirmación con el silencio de los demás senadores.

Fuente: cortesía

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Otro personaje que ha impulsado la campaña de desprestigio es Gerardo Lozano Dubernard, quien fue candidato para integrar la CPC y al no quedar seleccionado argumentó irregularidades en el proceso, en el cual como él dice, se privilegiaron «cuates y cuotas». Nada menos erróneo de uno de los primeros intentos de erradicar uno de los principales males la incipiente democracia que se vive en México.

De gravedad es también, para quienes nos dedicamos al estudio de los medios de comunicación en lo particular y para la población en general, la línea editorial que adoptó el periódico El Universal desde hace varias semanas con una cobertura dedicada a deslegitimar la selección de quienes integran la CPC.Ante esta cobertura imprecisa y sin sustento fáctico, varios columnistas así como organizaciones civiles renunciaron a continuar sus columnas de opinión que tenían en el mismo periódico: Jacqueline Peschard, presidenta del Comité Coordinador del SNA; Enrique Cárdenas Sánchez, director del Centro de Estudios Espinosa Yglesias; José Luis Caballero Ochoa, director del Departamento de Derecho de la Universidad Iberoamericana; Edna Jaime Treviño, directora general de México Evalúa; Sergio López Ayllón, director general del CIDE; Pedro Salazar Ugarte, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Por parte de las organizaciones están: Fundar Centro de Análisis e Investigación A.C., Grupo de Información en Reproducción Elegida A.C., Oxfam México, y la Alianza por la Salud Alimentaria.

Vale el esfuerzo dar seguimiento a los intereses ocultos que tienen los actores contra el SNA, que tal vez no sean tan ocultos desde que las mismas instituciones se han encargado de tapar los tejemanejes chuecos con que se conducen muchas de ellas. De igual manera con Gerardo Lozano, que debe tener intereses personales políticos y son, sin duda, contrarios a los que se supone lo motivaron a ser candidato a integrar la CPC. Y con respecto a El Universal, que aunque sea una empresa privada con intereses particulares, tiene como función la labor periodística, la cual tiene como fin último contribuir a una sociedad más justa.

@alejandrotello

#MuchaMierda | Sexismo en Roland Garros

Columna de opinión de @alejandrotello publicada originalmente en La Orquesta

Una acción que se viralizó nos recuerda que el sexismo está a la orden del día y ni el mundo del tenis está exento de él. Maxime Hamou, un tenista francés, olvidó que el cuerpo de una mujer es solamente de ella y que tratar de tocarla sin su consentimiento es acoso sexual. Digo que lo olvidó, infiriendo que sí lo sabe; y aunque no lo supiera, incurre en lo mismo.

Hace unos días, durante la primera semana de Roland Garros, la periodista Maly Thomas de Eurosport se acercó a Hamou, quien estaba en una de las explanadas del Stade Roland Garros, para entrevistarlo en vivo. El tenista se encontraba con quien pareciera es un seguidor varón, y Maly Thomas se colocó del otro a un lado Hamou, quien desde ese momento prensó a la periodista con su brazo izquierdo rodeándole por detrás del cuello impidiéndole moverse libremente.

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Luego de eso, la escena logró ser cada vez más incómoda: Hamou intentó besarla en la mejilla contra voluntad clara de Maly Thomas, además que se aprecia en el video que quiso introducir su lengua en el oído de la periodista (capaz que sí lo hizo). Mientras ella intentaba zafarse del “abrazo”, hubo un par de zangoloteos producto de la lamentable actitud de este tenista quien piensa que puede invadir el cuerpo de las mujeres. Y no conforme con el primer intento de beso, hubo otro par de ocasiones similares hacia el final de la entrevista. El joven que estaba del otro lado de Hamou también tenía el honor de ser rodeado por el otro brazo del tenista, sin embargo, con él no fue brusco como con Maly, ni intentó besarlo.

En la pantalla también se aprecian imágenes del estudio de Eurosport, en donde a los compañeros de la periodista, lejos de pensar que hay una situación de acoso, les parece gracioso lo que ocurre en el Stade Roland Garros. Uno de ellos, quien por cierto es un tenista retirado de nombre Henri Leconte, aplaude mientras presencia la escena al tiempo que grita «ve por más». Penoso totalmente.

Con la noticia del incidente hubo varias acciones necesarias, aunque algunas tardías: la organización de Roland Garros le retiró su acreditación al tenista Hamou y está impedido de ingresar a las instalaciones, lo cual considero oportuno; Henri Leconte ofreció una disculpa pública hacia su compañera por lo ocurrido, aunque desde un inicio tuvieron que haber reaccionado de forma opuesta a la mofa que hicieron de la situación; Hamou, a su vez, externó sus disculpas hacia Maly Thomas aunque en todo momento trata de justificarse diciendo que son amigos y que le tiene total respeto aunque las imágenes demuestran todo lo contrario. Sin duda fue solo por tener la presión mediática encima.

Esta no es la primera situación de sexismo en el mundo del tenis que haya tenido gran envergadura mediática. De entrada en la mayoría de los torneo las mujeres se llevan una bolsa económica menor que los hombres. Lo anterior fue motivo de polémica el año pasado cuando el director ejecutivos del torneo de Indian Wells, Raymond Moore, declaró que las mujeres se aprovechan del éxito de los hombres en el mundo del tenis, y que tenistas como Roger Federer o Rafael Nadal eran quienes han alzado todo el peso del gremio. También en el mismo tema salió embarrado Novak Djokovic, a quien su machismo interiorizado (y tal vez no tan interiorizado) lo traicionó declarando que reconocía el esfuerzo y los logros de las mujeres en el tenis, pero que al tener mayor asistencia de público en los encuentros entre varones, era justo que se llevaran premios económicos mayores. Además se atrevió a decir que sabía lo que pasaban las mujeres con sus cuerpos y hormonas, aludiéndo como motivo de tener menos calidad.

El tenis, un deporte que pareciera tan elegante y distinguido, también tiene una enorme labor pendiente respecto al tema de equidad de género.

Más #LeyTelevisa; menos derechos de las audiencias

Columna de opinión de Alejandro Tello publicada originalmente en La Orquesta

Entre los siglos XVIII y XIX, en Inglaterra se consideró a la naciente prensa como un cuarto poder, ya que con ella comenzó la circulación de noticias mercantiles que interesaban a la burguesía, la cual estaba ganando terreno como actor político-social frente a la aristocracia. Poco después, también surgió el periodismo de opinión, con el cual se presentaba la posibilidad de que las discusiones sobre el bien común de la población no estuviera a cargo exclusivamente de los reyes y la aristocracia.

Así comenzaba el rol de los medios de comunicación de masas como poderes fácticos, lo cual se materializa actualmente en nuestro país con el duopolio Televisa-TV Azteca, la primera con un alcance y poder económico y político mucho mayor; en su caso particular, no solo se limita a la televisión abierta, sino también a la de paga, la radio, empresas editoriales, plataformas de internet, entre otras.

En 2006 fue aprobada una reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, lo que se llamó coloquialmente como Ley Televisa, en la que se otorgaban una serie de beneficios acompañados de regulaciones a las empresas mediáticas concesionarias del espacio radioelectrónico, bien de la nación. Luego, en 2013, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFETEL), y en general la población, ganó una batalla frente a los privilegios casi ilimitados de los medios ya que podía aplicar sanciones cuando estos últimos incurrieran en alguna falta.

Pero hace unos días, el pasado jueves 27 de abril, en la Cámara de Diputados se aprobó una nueva reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión que les da más poder a los medios de comunicación (en particular a la radio y a la televisión), lo que constituye un retroceso para los derechos de las audiencias.

Pareciera que la reforma salvaguarda a las audiencias al establecer «que los concesionarios se abstengan de transmitir publicidad o propaganda presentada como información periodística o noticiosa» y que lo establezcan en un Código de Ética; sin embargo, no es así toda vez que serán los propios concesionarios quienes elaborarán sus propios códigos, por lo tanto no podrá haber lineamientos imparciales respecto a las violaciones a los derechos de las audiencias que suele haber en los noticieros al presentar información pagada como si fuera noticiosa (como entrevistas pagadas a políticos o la presentación de expertos en determinados productos con el único fin de anunciarlo comercialmente).

Ricardo Anaya, uno de los impulsores de la reforma. Fuente: Homozapping

Ricardo Anaya, uno de los impulsores de la reforma. Fuente: Homozapping

Esta autorregulación de los concesionarios mediáticos completará su aspecto siniestro con la imposibilidad del IFETEL pueda siquiera opinar sobre ella; sí podrá emitir lineamientos pero no podrá sancionar en caso de ser necesario. Ni aprobación, desaprobación o revisión alguna por parte de otra autoridad.

Lxs diputadxs acaban de vendarse los ojos y confiar en el “compromiso” que tienen los medios a respetar y promover el derecho de las audiencias. Así también, por un lado se apela a la libertad de expresión, en cuanto a que no se puede coartar la libertad de poder decir lo que sea que fuere. Sin embargo, una cosa debe ser clara: las libertades (cualquiera que se piense) tiene límites en cuanto no afecten las libertades y derechos de la otra persona. Además, hay situaciones que son insalvables en cuanto a su derecho a ser expresados sin filtros, por ejemplo lo referente al racismo, sexismo o cualquier discriminación. ¿O acaso no hay reparo en que se diga que el holocausto no fue la masacre contra la población judía por una supuesta superioridad de raza?

Las audiencias tenemos derecho a recibir contenidos de calidad. Habrá individualidades que no lo quieran así. Pero esto no significa que los concesionario puedan menospreciar a sus consumidorxs. No somos un solo público; somos muchos.

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Las peores razones porqué odias ’13 Reasons Why’

Voy a empezar este escrito siendo claro: 13 Reasons Why es una serie mediocre. No es mala, pero tampoco es buena. Y es triste porque es una serie con un planteamiento interesante. Tiene elementos destacables pero sigue siendo mediocre. La narrativa si no es decente es nefasta, atropellada e inverosímil; las situaciones si no son impactantes son ridículas y forzadas; los personajes si no son curiosos, son tontos y planos. Pero bueno esto no es necesariamente malo. Historias con estos problemas hay muchas, y terminan destacando más por su conjunto e intenciones, así como su impacto cultural (y esto tampoco es necesariamente bueno). Claro que cualquiera que tenga cierta noción sobre la narrativa se dará cuenta desde el principio que no es una serie excelsa ni mucho menos, pues las fortalezas y debilidades quedan en evidencia desde el capítulo piloto.

Pero no voy a hablar de lo obvio, sería hasta ridículo regodearse en los claros errores o enaltecer sus aciertos de este melodrama juvenil, sobre todo porque parece que se ha dicho todo sobre ella. No, hablaré de las razones más tontas que he leído en las intensas discusiones que nos regalaron las redes sociales a raíz del éxito de la serie producida por el gigante Netflix, sobre lo “mala que es la serie” o lo mucho que la odian. ¿Por qué? Porque curiosamente reflejan parte del problema que se sigue teniendo con un tema tan delicado. Hay mucho prejuicio alrededor de la serie así como alrededor del suicidio. ¿Quiero plantear que hay una relación entre estas dos cosas? No, solo es curiosa e irónica la comparación.

ROMANTIZA EL SUICIDIO

Empecé por la más obvia porque creo que es la razón más ridícula que he leído. ¿Romantizar el suicidio? Dejemos de lado que seguramente la gente que dice esto tiene problemas de percepción o simplemente no vieron más que un par de episodios. Criticar lo romántico del suicidio en esta serie no tiene mucho sentido simplemente porque no pasa. De entrada, las cartas de despedida de los suicidas pueden considerarse ya románticas, y las cintas de la serie son solo otra forma de representar lo mismo, para cuestiones narrativas y dramáticas. Nada más. La historia no trata jamás de mostrar de forma idealizada la manera en que la protagonista Hannah Baker decidió quitarse la vida mientras le da a conocer a los “causantes” de su decisión el porqué; solo nos va repartiendo la información poco a poco para que uno pueda entender su punto de vista (que estemos o no de acuerdo con ella es otra cosa).

Además, eso de que gracias a la serie los chavos de ahora se van a estar matando por imitar al melodrama es absurdo. No digo que no pueda pasar, al fin y al cabo ya ha ocurrido que cierta obra de ficción desencadene comportamientos en un sector, grupo o individuos en específico (cuando se estrenó Fight Club [David Fincher, 1999] muchos sujetos con pocas neuronas empezaron a crear clubes de pelea por todo EUA, ya que era lo más, y qué mejor forma de mostrar que entendieron el relato que tratar de ser como Tyler Durden…) pero esto no está ligado directamente a la obra sino a los problemas de estos sujetos.

Y mejor ni hablemos de Shakespeare. Al rato van a recordar cierta obra famosa y van a decir que incita a lo mismo…

NO ES REALISTA

De entrada no tiene por qué serlo, y además no me refiero a que se quejen de la verosimilitud de la serie, sino que ponen en duda sus intenciones solo porque no creen posible que sucedan cosas como:

– Que nadie se enterara de los problemas de los demás.

– Que esos problemas sean razones suficiente para matarse.

– Que alguien grabe 13 cintas para pasarlas a un grupo de chicos.

Ni siquiera me molestaré en lo ridículo que es pensar que la gente no se entere de los problemas de los demás. Sobre todo porque esto pasa seguido y parece que nadie se entera (oh la ironía). ¿Se acuerdan del chico en Monterrey que mató a compañeros en su secundaria para después dispararse en la cabeza?

Sea como sea, al final la historia es ficción y por eso mismo se toma la libertad de presentar circunstancias que son difíciles que pasen en la vida real. Es que quejarse de que no sea real es como quejarse que El Señor de los Anillos tampoco lo es.

ES UN MELODRAMA-JUVENIL

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Consideremos melodrama-juvenil como un género propio. Y ejemplos de esto hay muchos: Melrose Place, Twilight, Gossip Girl, The Hunger Games, entre muchísimas otras. Estas obras están diseñadas para llegar a un sector en específico a pesar de lo diferentes que son entre sí. Están marcadas por estilo particular, ya sea en sus personajes, el entorno, en su narrativa, etc. Por ejemplo, se enfocan mucho en las situaciones dramáticas que viven los jóvenes protagonistas donde ellos son centro de atención del relato, aunque esto signifique sacrificar otros personajes (como los adultos, niños o cualquiera que no entre en el arquetipo de los protagonistas) y correr el riesgo de que todos sean estúpidos menos ellos. Algo así como películas con niños protagonistas donde los adultos no actúan como adultos, sino como personas con un IQ tan bajo que es preocupante su existencia. Y sí, los hay buenos y malos melodramas-juveniles, y sí, que te gusten o no es completamente respetable, pero quejarte de una historia y adjudicarle una calidad basado solo en su género o estilo es bastante bobo. Es como si alguien dijera “La Pasión de Cristo es mala porque es un drama religioso” o “Duro de Matar es buena porque es de acción”.

Y bueno, si tienes una predisposición a cierto tipo de historias y géneros, de entrada ¿por qué estás viendo las que no te gustan?

LOS PERSONAJES TOMAN TONTAS Y MALAS DECISIONES

Aquí estoy un poco de acuerdo porque creo que muchos de los personajes están mal escritos. No hay un desarrollo orgánico en la mayoría y se la pasan tomando malas decisiones no por su condición de adolescentes, sino porque parece que los escritores no se detuvieron a construirlos mejor.

Sin embargo, muchas decisiones clave de la historia ocurren no por una mala escritura sino porque los personajes, al fin y al cabo, reflejan su inmadurez en todos los sentidos. SPOILER Por ejemplo, esto queda claro en escenas como en el último capítulo, donde la protagonista pide ayuda al consejero escolar y este reacciona de la peor forma posible (que ella justifique su decisión por lo que él le dijo o no le dijo, es otra cosa, además en más de una ocasión queda claro que no se habla de justificación, sino de conocer las razones que ella misma se forjó). SPOILER

Además la historia en todo momento te escupe en la cara el problema de comunicación que hay entre todos, ya sea porque son mocosos que no tienen mucha idea de la vida, o porque son adultos que no muestran todo el interés que pregonan.

EL BULLYING NO ES RAZÓN PARA SUICIDARSE

Creo que no existe razón para quitarse la vida, pero el suicidio no es un acto racional. Claro que el bullying no es razón suficiente (seguramente no soy el único que pensó que si en mis años de escuela secundaria hubiese reaccionado como la protagonista, no llego vivo a preparatoria) pero si vieron la serie se darán cuenta que no fue por eso que la protagonista se quitó la vida. Todo se construye para dos cosas: tratar de entender por qué lo hizo, estemos de acuerdo con ello o no, y poner en perspectiva que muchas de las experiencias que vive a lo largo de la historia están conectadas, no por un destino, sino por consecuencias. Y el bullying solo fue una parte del problema final.

PARTE DE UNA MALA IDEA

Uno de los problemas de la serie, si no es que el mayor, no es que parta de una mala idea, sino que no está bien desarrollada, o al menos no terminan de explotar las posibilidades.

La historia parte del suicidio de la protagonista y su carta de despedida (las 13 cintas) explicando todo. SPOILERS Dichas cintas contienen más que eso pues en ellas hay información que se liga directamente a crímenes sexuales cometidos a más de una persona SPOILER. La simple idea es más que interesante y muy lejos de ser mala.

HAY VIOLENCIA GRATUITA (O ES MUY GRÁFICA)

Solo diría esto alguien que fue educado por Disney.

SELENA GOMEZ ES PRODUCTORA

¿En serio?


Dicho lo dicho y para cerrar, me parece que la serie es muy criticable pero no por eso inferior. Ya dije que tiene problemas en su estructura (escritura. dirección, tono, etc) y en muchas ocasiones es superficial; pero una serie como esta, que logra abordar un tema tan delicado con un enfoque bien planteado, que ha sido recomendada por especialistas del tema además del enorme éxito que ha tenido, merece ser criticada con bases bien fundamentadas y no con prejuicios que al final del día solo perpetúan los problemas que la misma historia toca. Esperemos que para la segunda temporada (el final queda abierto a eso y además ya está confirmada) arriesguen lo que deben, pero sobre todo pulan todas las imperfecciones y entreguen algo de mayor calidad pero con el mismo y acertado enfoque.

#Opinión: Seguridad, ¿para quién?

FOTO: ARIEL GUTIERREZ

Foto: Ariel Gutiérrez

Columna de opinión de Alejandro Tello publicada originalmente en La Orquesta

Hace 10 años, el entonces presidente, Felipe Calderón ordenó el comienzo de la denominada, y mal lograda, «Guerra contra el narcotráfico», con la cual se sacó a las Fuerzas Armadas de sus cuarteles para que combatieran al crimen organizado (sin duda más organizado que el propio ejército) y con ello realizaran la labor que corresponde a las fuerzas policiacas de orden civil.

Pasado el sexenio de Felipe Calderón, y con el regreso del PRI a la Presidencia de la República a través de Enrique Peña Nieto, esta estrategia continuó con todo y se buscaron alternativas para que las policías desempeñaran las labores para las que son instruidas. El resultado: cientos de miles de civiles muertos, violación de derechos humanos por parte de las fuerzas castrenses y una policía civil que no cumple su función y en muchos casos está a las órdenes del mismo crimen organizado.

Desde hace varios meses se intensificó la discusión en torno a la participación de las Fuerzas Armadas en las tareas de seguridad pública, además de la iniciativa de ley, con el apoyo del PRI y el PAN, sobre la seguridad interior. Ésta última ha quedado sin explicitar de manera clara ante la población para que pueda entenderse la diferencia entre la seguridad nacional (amenazas a la soberanía nacional), seguridad interior (catástrofes naturales, epidemias, amenazas de golpe de Estado) y seguridad pública (en materia de lo civil). Esta discusión, además, ha adquirido tintes de moneda de cambio político de cara a las elecciones federales de 2018, con los dimes y diretes entre actores políticos como Andrés Manuel López Obrador u Osorio Chong.

El Congreso de la Unión tiene la intención de aprobar antes del 30 de abril la Ley de Seguridad Interior, impulsada principalmente a través de las iniciativas de César Camacho y Gil Zuarth, que lejos de regresar al ejército de vuelta a sus cuarteles (de manera gradual, como es deseable), pretende facultarlo legalmente para que pueda actuar de formas poco claras en tareas de seguridad pública. Entre las facultades más graves se encuentran que el presidente podría utilizarlo a discreción y unilateralmente en contra de la gente, que pueda ejercer acción letal contra la protesta pacífica y un ambiguo colofón cierra con “… y las demás acciones que se consideren necesarias.”; en pocas palabras, represión de las libertades cívicas y derechos humanos fundamentales, aunado a la militarización del país.

Hay que señalar lo que resulta ser no muy claro para la población en general: el ejército no está entrenado para efectuar labores de seguridad pública, no tienen por qué cumplir esta función. Es necesaria la instrucción de la policía civil que, obviamente, no caiga en la corrupción en la que se encuentra actualmente. El apoyo de las fuerzas armadas, y enfatizo «apoyo», es distinto y algo que en algún momento podría ser necesario.

Por lo que es completamente necesario entrar en esta discusión pública para apoyar a los distintos grupos y asociaciones de la sociedad civil que intentan revertir este grave escenario al señalar los errores que el gobierno no quiere ver. O peor, que los ve y no tiene intención de corregirlos. Como si el gobierno fuera una entidad contraria a la población.

@alejandrotello


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#Opinión: Prioridades presupuestales: ciencia not found

Fuente: La Orquesta

Fuente: La Orquesta

Columna de opinión de Alejandro Tello publicada originalmente en La Orquesta

Tomo prestado la expresión clásica del teatro «mucha mierda», que significa desear suerte antes de la puesta en escena, para titular mi colaboración con La Orquesta sobre asuntos sociopolíticos. Pero he de aclarar que en esta columna, que se publicará cada quince días, la expresión tendrá dos significados: por un lado, el de protesta a causa de las críticas que se formularán, ya que en México y en el mundo hay mucha mierda por doquier; por otro lado, en el mismo sentido que en el teatro, el de desear buena suerte hacia aquellas personas o situaciones que se ven desfavorecidas dado el primer significado planteado.

Entrando en el tema que me motiva a escribir esta entrega, hay que remontarse a noviembre del año pasado cuando en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) de 2017 se redujo la partida destinada al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en un 23% respecto al presupuesto al 2016. Entonces, dada esta reducción bastante sensible, se afectaría en gran medida el fomento al desarrollo de la ciencia y tecnología en el país que se realiza a través de diferentes programas como el apoyo económico para cursar estudios de posgrado (especialidad, maestría y doctorado), el Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC), el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), fondos financieros de estimulo a la ciencia y tecnología en las empresas, desarrollo y mantenimiento de Centros y Grupos de Investigación, entre otros.

Después de toda la mierda por la reducción del presupuesto a Conacyt para 2017, había algo que se podía rescatar de tan lamentable situación: desde la Dirección general se tomó la decisión de no reducir los montos destinados a dos de los programas, el de becas para posgrado y el del SNI. Si bien no iba a aumentar, lo cual sería ideal, no se iba a reducir el apoyo hacia estos.

Pero cual es la sorpresa que desde hace varias semanas, en diferentes partes del país se ha levantado la voz dado que en muchas instituciones se han negado las becas a las personas aceptadas en programas de posgrado pertenecientes al PNPC. Instituciones de educación superior como la Universidad Veracruzana, la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco (UAM X), la Universidad de Guadalajara, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma de Sinaloa, entre otras, se enfrentan a esta situación y en diferentes medios de comunicación se ha denunciado el rechazo al otorgamiento de becas.

Estudiantes de la UNAM y la UAM X ya se han manifestado en contra de ello en las oficinas de Conacyt, también hubo una conferencia de prensa en la UAM Xochimilco en donde algunxs coordinadorxs de posgrados de dicha casa de estudios, en conjunto con alumxs, alertaron sobre la gravedad de tales afecciones para el desarrollo de la ciencia en el país.

Por otra parte, el Director de Becas de Conacyt, Pablo Rojo, durante una charla con estudiantes de posgrado trató de explicar las medidas tomadas por Conacyt. Sin embargo, lo que hizo fue decir una serie de inconsistencias respecto al tema, lo cual agrava la situación al dejar entrever la falta de organización en el órgano rector de la ciencia en México. Según dijo, lo que tanto deseaba en su «cartita a Santa Clos» era tener más recursos para becas de posgrado, pero dado la reducción en el presupuesto 2017, mencionó que tuvo que expresar en los términos más claro posibles la distribución de tal, por lo que se estableció que las becas que se destinarían en los diferentes programas de posgrado este 2017 serían las mismas que se solicitaron y aceptaron en el mismo periodo durante el 2016. De aquí se deriva el reclamo específico de los programas que tienen convocatoria bienal, que al no haber solicitado becas durante 2016, se quedan sin las asignación de becas para el inicio del año en curso.

Pablo Rojo dijo que la solución a ello (pensada fuera de la normatividad correspondiente) fue ponerse en contacto con las diferentes universidades con programas de posgrado inscritos en Conacyt para que se buscase una «compensación interna» y que aquellos programas que este año necesitaran menos becas (por haber solicitado más el año pasado), las “cedieran” (cabe recalcar que esto de una manera informal) a otros programas que las necesitasen dado lo establecido para este año de las becas que se otorguen serán las mismas otorgadas el año pasado, y al no haber solicitado el año pasado no tuvieran derecho a la asignación en este año.

Se le cuestionó a Pablo Rojo el por qué no se le otorga una beca a cada estudiante que sea aceptadx, y regresando al reglamento de Conacyt (en un claro tránsito de su discurso entre lo formal y lo informal) éste mencionó con cierta exasperación que si se fijan en el reglamento la asignación de becas está en función exclusiva del presupuesto existente y que puede haber casos que se queden sin el apoyo. Y digo, esto es comprensible, el recurso económico resulta ser siempre limitado, pero lo que me parece contradictorio y lamentable es que un funcionario de Conacyt apele a lo señalado por la normatividad y realice acciones que salen de ésta para paliar la desorganización que se vive en el organismo rector de la ciencia y tecnología en México.

Habrá personas que opinen que quienes aspiran o tienen una beca Conacyt mejor se pongan a trabajar en lugar de “ser mantenidxs del gobierno”. Yo mismo soy becario actualmente, y quiero ser enfático en que quienes entran a los posgrados pertenecientes al PNPC lo hacen luego de un proceso de selección bastante riguroso; los mismos programas de posgrado son evaluados constantemente para seguir recibiendo los beneficios correspondientes. No son simples ocurrencias. Además, el monto económico de una beca a penas si alcanza para mantener las necesidades básicas, ya que Conacyt solicita dedicación exclusiva. Por ello se llama beca de manutención. Por supuesto que hablo desde mi trinchera y no es una Casa Blanca; ni tampoco se me conceden los bonos que se autorizan a sí mismxs lxs diputadxs en todo el país.

El desarrollo de la ciencia y tecnología en México, y en general de la educación, pasa por una situación alarmante producto de decisiones políticas. Habría que detenernos un poco y pensar en lo que importa más para el futuro del país.

@alejandrotello


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Profesor, no soy una asesina. Profesora, no soy una histérica

Texto por Beatriz Elena Lobo*

La lucha feminista lleva décadas en movimiento. Se han tenido grandes avances, como el voto para la mujer, poder divorciarnos, tener una cuenta de banco, tener propiedad privada, estudiar, trabajar en puestos públicos y de elección, y muchos más. Sin embargo, la lucha no ha terminado y hay quiénes no lo pueden ver.

Ya muchas veces nos han nombrado feminazis, porque creen que la lucha terminó, pero si eres mujer seguro te has sentido acosada en las calles, o temes por tu seguridad al caminar por la noche, también te han hecho sentir menos cuando toman la opinión de un hombre sobre la tuya, o cuando no te dieron ese ascenso porque eres madre. Si vamos un poco más allá, sabes que las legislaciones sobre tu cuerpo son propuestas, dialogadas y aceptadas o rechazadas principalmente por hombres y que lo productos necesarios para la mujer como tampones y toallas femeninas llevan un impuesto de producto de lujo.

Si eres hombre, lo más seguro es que no te hayas dado cuenta de esto, porque no te ves afectado y no te das cuenta que tienes derechos que las mujeres no. Probablemente tampoco se te ha erizado la piel cuando lees del nuevo feminicidio en tu ciudad, y más tarde el de la ciudad vecina, y tiemblas porque sabes que cada día asesinan con alto grado de violencia a casi 4 mujeres en el país.
Sí, tenemos muchos derechos gracias a la lucha feminista de mujeres que vivieron hace 100 años, pero falta mucho más por lograr, y aun así hay quienes siguen desestimando nuestra lucha. Personas, principalmente mal informadas y sin ganas de entender la problemática del país, y del mundo.

Por ejemplo, un profesor en mi maestría dijo que la cuarta ola del feminismo correspondía a las feminazis. Lo desmentí frente al grupo, asegurándoles que ese término nació por hombres quienes tratan de desacreditar la lucha de las mujeres. Cambió de tema para minutos más tarde pedir mi aportación, antes refiriéndose a mí, frente a todo el grupo, como feminazi. No pude contestarle, porque su posición de poder como profesor me intimidó, pero debí recordarle que los nazis realizaron el exterminio judío más grande de la historia, de homosexuales y gitanos, de rebeldes contra su causa como los comunistas y socialistas. Los nazis experimentaron en humanos, los cansaron hasta matarlos, se burlaron, engañaron, los deshumanizaron. Profesor, el holocausto nazi fue una persecución y asesinato sistemático, el intento de exterminio de una raza entera donde más de 6 millones de judíos perdieron la vida.

Y ahora, le pregunto profesor, ¿cuál es el holocausto feminazi? ¿acaso son hombres planchando sus camisas, o lavando trastes? ¿o serán hombres orillados por la opinión pública a respetar a las mujeres? ¿tal vez son hombres controlando sus impulsos sexuales para respetar a sus iguales? Hasta donde recuerdo, profesor, ninguna feminazi ha hecho ni jabones ni lámparas de los penes cortados en los campos de concentración, ¿no será que confunde los términos profe?

Y le recuerdo profesor, que está hablando ante un grupo de alumnos, que lo admiran y lo siguen, y esos comentarios solo incrementan los criterios pobres y argumentos que recurren a insultos para poder dar un punto de vista. Dice ser experto en tendencias, entonces, estúdielas. El feminismo es la tendencia, el feminazismo es la contrapostura de los hombres asustados ante el empoderamiento de la mujer.

Debo confesar que me sentí humillada cuando se refirió a mí como feminazi, pero más humillante debe ser abusar de una posición de poder para dirigirse a una alumna.

Y aquí quiero apuntar algo muy importante, la posición como líder de opinión que tienen los profesores. Yo como profesora de preparatoria trato con cuidado algunos temas, porque aunque hay alumnos que comparten mi forma de pensar, hay otros que están totalmente en contra, por ejemplo del aborto. Hay que tener cuidado con lo que se dice en un aula de clase, porque los estudiantes tendemos a creer lo que dice el profesor, y muchos repiten patrones del siglo pasado, sin informarse ni educarse.

Con un segundo ejemplo les platicaré de una de mis ex profesoras favoritas. Clases dinámicas, interesantes, excelentes actividades de aprendizaje, hasta el lamentable día en que nos pidió que describiéramos a las mujeres y a los hombres. Para ella, las mujeres somos dramáticas, celosas, obsesivas, enojonas e histéricas. Los hombres tienen un pensamiento más lógico y menos enredado, son limpios y ordenados, no son celosos.

Le recuerdo profesora, que los seres humanos somos tan complejos que es imposible categorizarlos de esa forma por el simple hecho de ser mujer u hombre. Y le recuerdo también que ante usted tiene un grupo de futuros publicistas y mercadólogos, quienes venderán productos y servicios basándose en estereotipos arcaicos por su “excelente” aportación.

De ser grandes profesores han caído varios peldaños, ya no están en ese altar de profesores que inspiran, comparten conocimiento, guían. Han caído varios pisos por no comprender que están en un mundo cambiante, donde seguimos viviendo muchas desigualdades, donde ya no cabe opinar delante de un salón de clase sin tener fundamentos, donde los insultos no tienen cabida, donde los hombres y mujeres debemos tener las mismas oportunidades, derechos y respeto ante los demás, y donde las alumnas no nos vamos a callar.

La lucha feminista es actual, y combatimos en las calles, en el transporte público y hasta en los salones de clase. Nuestras armas son el conocimiento del tema, de las legislaciones y de los sucesos mundiales, las teclas de la computadora, las pancartas e insignias.  Nuestros enemigos no son los hombres, que eso quede bien claro. Los enemigos vendrían siendo las tradiciones y costumbres machistas, sexistas y misóginas, la forma de pensar de algunos hombres y mujeres que se quedaron muchos años o hasta siglos atrás. No, no queremos exterminar a NADIE, sólo exterminar pensamientos, ideas y tradiciones. Y no, profesor, no me va a callar.

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Fuente: Cocupo

*Texto publicado originalmente en Brieffy; reproducido aquí con autorización expresa de la autora, a quien agradecemos ampliamente.


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